Feliz Año Nuevo 2026

Hoy termina el año 2025 y aprovecho esta oportunidad para desearle a mis familiares y amigos una despedida de año en gratitud por todo lo ocurrido en este año.

En este nuevo año que está por comenzar, les deseo mucha salud, bendiciones y felicidades en unión a sus seres queridos.

Les comparto unas frases que me han gustado mucho y espero que te gusten a ti también:

“¡Deseándote un próspero y feliz Año Nuevo! Que cada día esté lleno de bendiciones”.

“Que el 2026 te regale la oportunidad de crecer, aprender y disfrutar de la vida”.

“Brindo por un año lleno de abrazos cálidos, conversaciones significativas y momentos especiales junto a nuestra amada familia”.

“Que la luz del Año Nuevo ilumine tu camino hacia la abundancia y la realización.”

¡Feliz Año Nuevo!

Una aventura llamada “La gran vaguada”

El viernes 27 de octubre de 2023 amaneció como un día tranquilo, aunque habían anunciado lluvias. Toda la semana estuvo lloviendo dentro de la normalidad y pensé que ese viernes iba a ser un día lluvioso como otro cualquiera.

Coordinamos con mi hermana, Charo, y yo, buscar a mi otra hermana, Tere, para compartir y pasar un día en Plaza Carolina. Tere nos indica que hay aviso de vaguada y que ella no iba a ir, (además de tener un compromiso previo).

Por tal razón, Charo y yo nos fuimos a Plaza las Américas, ya que nos queda mucho más cerca de nuestro hogar. Cuando llegamos, primero llevamos unos paquetes al correo y luego fuimos a una de nuestras tiendas favoritas; y allí encontramos buenos especiales, así que disfrutamos el ahorrar lo más que podíamos. Luego, ya como las tres de la tarde, fuimos a almorzar y gracias a Dios todo estaba sabroso.

Cuando terminamos de almorzar, verificamos fuera del estacionamiento y no estaba lloviendo, así que decidimos ir caminando a una de las tiendas que está fuera del mall. Allí vimos todo con calma y disfrutamos de los adornos navideños. Cuando estábamos pagando nos dimos cuenta del gran aguacero que estaba cayendo. Esperamos un rato para ver si escampaba, pero nada. Charo consiguió unas bolsas de basura color blanco y nos las pusimos encima y comenzamos  a caminar para tratar de llegar al estacionamiento. El que nos viera se pondría a reír, ya que en medio de la lluvia y la oscuridad parecíamos dos “fantasmitas” caminando. 

Al llegar al estacionamiento, nos dimos cuenta que parte del primer piso del estacionamiento estaba inundado y fue algo difícil el conseguir el camino hacia nuestra guagua. Mientras tanto, las bolsas de papel, al mojarse comenzaron a romperse y nosotras, a su vez, tratando de que no se rompieran más y se cayera y dañara la ropa que habíamos comprado. Así que Charo, quien camina mucho más rápido que yo, fue a buscar su guagua y me quedé con los paquetes en un área segura y así mientras caminábamos no seguían las bolsas rompiéndose.

Salir de Plaza las Américas fue una gran odisea por los tapones y los charcos; además, estábamos pendiente de encontrar al esposo de Charo que había podido entrar a Plaza huyendo de las inundaciones del camino y estaba en su carro pequeño. El decidió quedarse y esperar un rato a que bajaran las inundaciones.

Nosotras seguimos nuestro camino a casa y nos hemos encontrado con el tapón o embotellamiento de nuestras vidas. Estaba el camino a paso de tortuga, apenas se movía el tránsito. Fue desesperante. Estuvimos casi dos horas para llegar a la mitad del camino que normalmente nos toma de cinco a diez minutos. Cuando llegamos a esa mitad, ya había bajado el agua y los carros que se habían dañado o inundado, estaban en los carriles a las esquinas.

Gracias a Dios llegamos bien a nuestros hogares. Mojadas por la lluvia, preocupadas por lo que estaba pasando y sobre todo por los que estaban varados. Más tarde, corroboramos que el esposo de Charo llegara bien y el papá de mis hijos; quien también estaba en Plaza haciendo unas diligencias. 

A todo esto, mientras estábamos en el tapón, tuvimos el apoyo y “compañía” de nuestros hermanos mediante Whatsapp, lo cual agradezco muchísimo. 

Luego nos enteramos por las noticias lo devastador que fue esta vaguada, inundando varias casas y avenidas de nuestro país.

Comparto unas imágenes de los periódicos de Puerto Rico.

En medio de la Pandemia

Llevamos casi cinco meses en la casa a causa de la pandemia por el coronavirus. Ha sido un tiempo muy difícil. Apenas salgo de mi hogar para evitar el contagio. En este tiempo son contadas las veces que he salido: unas cuatro veces para ir al colmado, dos para ir a la farmacia, tres para ir al correo a llevar paquetes de mis ventas en Poshmark y tres para pasar por casa de una de mis hermanas a recoger unos productos que ella me ha comprado y utilizamos el modo de servi carro.  Aún no he salido a un centro comercial a beneficiarme del aire acondicionado o a disfrutar de un sabroso café compartiendo con mis hermanas en uno de los establecimientos; ni a la playa, cosas que me gusta hacer para distraerme.

Lo más importante de todo es que he decidido, en cada una de mis salidas, utilizar la mascarilla para evitar contagios. Entiendo, además, que al utilizarla como medida de prevención, sirve para proteger a las demás personas demostrando de alguna forma amabilidad, respeto y empatía con todos los que me encuentro en esos lugares. Claro está, eso no es suficiente, por lo que mantener la distancia de 6 pies y lavarse las manos sigue siendo muy importante.

Extraño mucho ver a mis cinco hermanos y demás familiares, aunque gracias a la tecnología nos mantenemos en comunicación. También extraño ver a mis tíos que están en un hogar de envejecientes, pero por el momento sé que es necesario no visitarlos en este momento.

Cuídense y protéjanse mucho, los quiero volver a ver.

Comparto dos de mis mascarillas favoritas, ambas hechas por mi amiguita Nellyann de Dulce & Calavera:

Una noche de terror

Una noche de terror:

La tarde de ayer se presentaba como una muy especial, ya que iba a buscar a mi esposo José a casa de su mamá en Vega Alta.  Esto es así ya que doña Haydeé estuvo cinco semanas hospitalizadas y por fin llegaba a su hogar.  José había estado dos días y medios sin dormir acompañándola en el hospital.

En el transcurso de dejar a doña Haydeé con las comodidades que su condición requería nos quedamos un ratito en la casa hasta el atardecer.  Comenzó a llover torrencialmente.

Ahí comienza mi noche de terror.

Inundaciones el 31 de mayo de 2010

Después de más de dos horas continuas de lluvias, cuando escampó un poquito decidimos salir para llegar a nuestra casa.  Lo primero que encontramos fue que no había alumbrado por el área.  Luego nos encontramos con un poste caído.  Nos viraron y entonces José decidió ir por una urbanización para llegar al área que nos llevaría para salir al expreso.  Pero, sorpresa, por todas las calles que entrábamos estaban inundadas.  No podíamos ir hacia Vega Baja para encontrar el camino para el expreso, ya que regularmente con cualquier lluvia la Carr. #2 en esa área se inundaba, así que asumimos que estaba ese camino también inundado.  Ya en este momento mi stress había aumentado terriblemente.

Inundaciones el 31 de mayo de 2010

Bueno, la alternativa que quedaba y que José tomó fue ir por los campos para salir a otro sector de la #2 y poder llegar al área para  tomar el camino al expreso.  Si creía que había estado en un área oscura, aquello no era nada.  Aquí sí había oscuridad, sólo se veía un poco frente a la guagua.  El camino estaba casi inundado.  El punto culminante fue cuando llegamos a un área con un árbol caído.  Cubría un noventa por ciento de la carretera.  Había un carro al frente que parecía paralizado ante la situación. José decidió pasar por el poquito espacio que quedaba y por el lado del borde.  Fue horrible, por lo que podía pasar.  Por mi mente pasaron mis hijos, mi familia, mis mascotas, mi hogar, todo.

Seguimos el camino y seguíamos con la oscuridad y los caminos con mucho agua.  Pasamos un puente con mucho cuidado.  Por fin, llegamos a la #2 y cerca del camino para llegar al expreso.  Había un tapón horrible pero después de un rato por fin llegamos al Expreso y luego llegamos a nuestro hogar.  Llegué con un horrible stress y dolor de cabeza por la gran tensión que pasamos, pero agradeciendo al Dios Todopoderoso por darnos la oportunidad de llegar a nuestro hogar sanos y salvos.

Por fin había terminado mi noche de terror.

José y yo

Al ver las noticias nos enteramos de todo lo sucedido en este sector, incluyendo que había colapsado el puente que habíamos pasado anteriormente.